Como el rumbo de una nave

Es todo una cuestión de números, de equilibrios. “Hay que reducir el riesgo a una irrelevancia infinitesimal. Calcular lo imprevisto como factor, preparar respuestas adecuadas, monitorizar constantemente el desempeño de la empresa”. Nicola, en Mezzano supervisa cada nueva posible inversión, tiene bajo observación los progresos de las empresas del grupo, comprueba y controla las variaciones con respecto a las previsiones del plan de negocio. El suyo es un trabajo de equipo, en el que no puede prescindir de los números, pero que dista mucho de ser la tarea árida y formal que la mayoría suele imaginar. Quien construye un plan industrial para una empresa que trabaja en las Renovables, parece acercarse científicamente, sin que parezca un oxímoron, al intento de leer el futuro dentro del presente. A diferencia de cualquier empresa de manufactura o producción, es un hecho que, en la práctica, los tiempos se dilatan y se va mucho más allá de los cinco años que prescriben los cánones. Es necesario razonar en términos de veinte, veinticinco años. Una empresa en la empresa, nos atreveríamos a decir. Por lo demás, las variables que pueden influir en una evolución positiva del negocio de una empresa como Tozzi Green, que trabaja en los mercados de la energía y de la agricultura a escala internacional, representan una incógnita que no se puede dejar al azar. “La fase inicial de un proyecto representa un momento de extraordinaria importancia. Es como una nave que zarpa para una larga travesía. Es necesario orientar el rumbo del modo más adecuado, equiparse con todo lo necesario para el viaje, tratando de prever borrascas y posibles averías. Es indispensable estudiar hasta el mínimo detalle, dotarse de los instrumentos necesarios que puedan ser útiles en caso de tempestades, viento y marejadas. Si hay un error en la inversión inicial, después es difícil corregir el itinerario. En mar abierto y con un rumbo equivocado, la nave corre el riesgo de ir a la deriva”. En cada proyecto existe un riesgo, implícito en el negocio mismo, pero cuando se cuenta con la posibilidad de valorar distintas soluciones, la empresa se encuentra en una posición privilegiada. Siempre hay que tener mecanismos de protección. Cuanto más profundos son los análisis, más cercanas a la realidad son las previsiones y más a nuestro favor soplan los operadores económicos externos. Es una especie de operación sobre el futuro la que llevan a cabo los analistas y dirigentes de una sociedad que se dedica a las energías renovables. Nada hay de abstracto, metafísico, etéreo, en los gráficos y diagramas que toman forma y consistencia en las oficinas de Mezzano día tras día. Como en la trayectoria de una nave, representan la recta que se traza en la carta de navegación entre el punto de partida y el de destino. El plan de negocio es, en síntesis, la metáfora del recorrido real que la nave debe seguir con respecto a la superficie terrestre, al fondo marino, si quiere llegar a destino. Y, bien pensado, precisamente por esto se puede hablar de un documento “vivo” capaz de anticipar los cambios, las mutaciones de fase y las evoluciones del mercado, de ofrecer a la empresa la solidez indispensable para afrontar momentos adversos, identificar nuevos recursos, arribar a puerto. 

Fabio Cavallari
narrador